Amar a ti mismo Déjame contarte cómo fallamos en el Primer Mandamiento: Amar a Dios, amar a tu prójimo, y amarte a ti mismo No hay un orden prioritario en estos tres puntos. El tema es amar, habla sobre el amor, pero los tres puntos son igualmente importantes. Si fallas en cualquiera de los tres puntos NO estarás ejecutando la fórmula. Es como un trípode, estructura o asiento de tres patas, si le falta una pata no funciona, no puede sostenerte. Ahora ponme cuidado: Amar a Dios es amar el todo, o sea, amar al Creador y amar a todo lo que creó. Si fallas en amar una partícula de todo lo creado, la fórmula estará incompleta y no funcionará. Es como si a la carreta le falta una rueda o al caballo le falta una pata. Dirás que en el mundo hay seres que no se pueden amar. Fíjate, no se trata de que abraces a los escorpiones o te acuestes en el nido de las serpientes. Claro que no. Mantente lejos de ellos. Se trata de que no los ataques, no los odies. Se trata de que ent...
Cambiando Mi Mundo El fundamento para lograr cambiar mi Mundo físico reside en que mi Mundo físico es consecuencia de lo que yo acepto como Verdad definitiva. Mi Mundo físico no cambia un ápice si no cambia el concepto que lo sostiene. Las partículas de materia que definen las circunstancias y condiciones de mi vida obedecen inexorablemente a los conceptos que yo albergo como Verdad, estén errados y fuera de toda lógica o sean absolutamente ciertos. Cada detalle que estoy viviendo es consecuencia de lo que acepté como Verdad. Sabiendo que Yo Soy el emisor de la energía que alimenta el concepto que sostiene a Mi Mundo físico, es claro, que si dejo de alimentar ese concepto, ese mundo se desvanecerá al mismo tiempo que se desvanece el concepto que lo sostiene. También se desprende de este razonamiento, que si reconfiguro positivamente el concepto sobre mi mundo, y lo alimento de mi energía, las partículas de materia se alinearán de otra m...
Enlaces Cual nave que surca el espacio, me desplazaba en solitario. De pronto, detrás de mí, divisé un punto luminoso que se acercaba. Poco después, estaba justo a mi derecha y me llamó por mi nombre. Era Rose. Voy contigo a conocer a Alberto, me dijo. Asentí con una sonrisa y continuamos desplazándonos en paralelo. Quién es Alberto, preguntó. Ya lo conocerás, respondí sin dejar de sonreír. Rose hizo un movimiento de vaivén con su cabeza y también sonrió. Instantes después señalé un punto que cambiaba de colores frente a nosotros. ¿Qué es? Indagó. El Universo, hacia allá vamos. A medida que avanzábamos, el punto se iba haciendo más grande y se apreciaban en él, áreas de suaves colores. Momentos después, su inmensidad no nos permitía ver nada más. Nos percatamos que estábamos frente a la entrada del Universo, y en él nos sumergimos. Entonces no es infinito, comentó Rose, mirándome. Claro que no, dije. Infi...
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