Salgamos del Infierno, o, El Mundo que yo elegí

 

 

El Mundo en el que estoy viviendo ahora mismo, es fabricado por mí, hasta en el más mínimo detalle. He creado pues, mi propio y particular Infierno. Es lo que hace cada ser humano, crear el mundo en el cual vive. Afortunadamente en mi caso, y en la mayoría de los casos, el mundo que creamos es mayormente benigno. Pero todo, absolutamente todo, fue aprobado por mí.

¿Qué por qué digo esto?

Bien, trataré de responder esta pregunta.

 Veamos:

Esto que llamamos “la vida”, esto que yo llamo “mi experiencia de vida”, “mi vida”, o “mi mundo”, los hechos que se manifiestan a mi alrededor, dentro de mi escenario, afectándome en mayor o menor grado, todos sin excepción, han sido creados por mí. Incluyendo “el escenario”.

El Universo originalmente es un montón de micropartículas sin forma ni orden, es la materia prima con la cual yo he creado mi escenario y los personajes de mi obra, incluyendo el personaje principal, que soy yo mismo.

Antes de crear este precioso escenario de estrellas y planetas, la Inteligencia que originalmente yo soy, escogió el libreto de la obra a escenificar, las vivencias que debe conocer en carne propia en el mundo de la materia, el personaje principal, con todos sus detalles. También el número de personajes de la obra, sus conductas y vivencias particulares.

Esta Inteligencia, llamémosla así, Inteligencia, pretende vivir al mismo tiempo, a través de los millones de seres que encarna, las vivencias de cada uno. Cada ser viviente percibirá la vida desde su perspectiva. Yo, que desde mi punto de vista soy el personaje principal, solamente puedo percibir una vida, la mía, a través de mi conciencia. Esta facultad, mi conciencia, no es otra cosa más que mi capacidad de darme cuenta de que existo, y de cómo y cuánto me afectan los hechos que vivo. Cabe mencionar que en el inicio de mi vida no me doy cuenta de que existo hasta que comienzo a desarrollar esta facultad.

Una vez decidida la trama, la Inteligencia me instala el “Comando”, y éste energiza las partículas para construir el escenario en el cual se desarrollará la obra. Cuando aparezco en escena, yo soy el presente, el ahora,  y antecediéndome ya transcurrió mi pasado, mi origen. Esto mismo aplica para cada uno de los personajes. Algunos de éstos, los conoceré por referencias de su historia, pues su intervención forma parte de mi origen, de mi pasado, y ya no están. Otros serán contemporáneos y compartiremos vivencias cercanas o lejanas. La inmensa mayoría serán como “extras” de la película.

El “Comando” es la descripción detallada de mi personaje más el libreto de todas y cada una de las vivencias que he de descubrir. Este conjunto de claves emite una muy especial energía que determina mis vivencias, el comportamiento de mi entorno, de mi mundo con respecto a mí. Así comienza la obra.

Desde mi origen, con cada vivencia se van fortaleciendo las “guías” contenidas en mi “Comando”.

Cuando ya comienzo a tener conciencia de que existo, y de los sucesos que me afectan agradable o desagradablemente, califico cada vivencia personal o ajena, haciendo uso de mi lógica. Esta práctica diaria va consolidando conceptos que se sumarán al conjunto de “guías” que determinarán las vivencias por venir.

Estos conceptos actúan inmediatamente como definitiva aprobación de “cómo deben suceder las cosas” hasta que un análisis consciente desapruebe su vigencia. Al descubrirle alguna falla que lo descalifica como verdadero, pierde poder. Entonces, la condición o circunstancia sostenida por la energía que emitía el concepto, se desarma, deja de ser.

De manera pues, que actualmente, literalmente, estoy viviendo la vida, las vivencias, el mundo al que le dije que sí, las condiciones y circunstancias que creo deben suceder de acuerdo a mi lógica.

Pero hay algo más.

Descubrí que puedo desaprobar todas esas “guías” y conceptos.

El “Comando” de la Inteligencia que actúa en todo esto, la causa de la vida, el “Comando” de ella, repito, es construir, es actuar en el Bien, es el Amor.

Así que, ejerciendo mi Elección Consciente, usando el SÍ para aprobar, y el NO para desaprobar, puedo enfocarme permanentemente en lo que quiero ver manifestado en mi mundo, puedo escoger las vivencias que quiero experimentar en mi vida y puedo rechazar lo que no me agrada.

Mis herramientas son estas dos palabras, el SÍ y el NO.

 Puedo elegir mi mundo.

 

 

Seu

 

San Diego, martes 10 de marzo de 2026.

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